Para Wenger (2001), el aprendizaje es producto de las construcciones sociales en la medida que el ser humano aprende de manera individual y colectiva a partir de la negociación de significados. De tal manera que el individuo necesita una comunidad de práctica, que tenga unos mismos intereses, compromiso mutuo, y pertenencia e identidad con la comunidad para aprender a partir de la participación activa. El reto que tiene la escuela es comprometerse con una formación social e integral de sus estudiantes, en la medida que sea capaz de desarrollar procesos de aprendizaje que motiven a los estudiantes a aprender. También se requiere incentivar la participación de los integrantes de la comunidad de práctica, para que cada uno de los miembros se apropie de las metas establecidas y asuma liderazgo dentro de la comunidad que se transforma en la medida que aprende y comparte significados.
Es necesario tener presente que el aprendizaje es situado o involuntario producto de la participación en comunidades de práctica (Daniels, 2003). El aprendizaje se presentan por medio de actividades autenticas, donde el estudiante aprende a través del desarrollo de acciones y la utilización de herramientas mediadoras. Dicha actividad implica la construcción social de conocimiento en la medida que el individuo se compromete con tareas colectivas que permiten la interacción y colaboración entre los miembros del grupo.El paradigma sociocultural viabiliza nuevas reflexiones en relación con las políticas institucionales que se deben seguir, ya que los educadores no debemos desconocer conceptos como Zona de Desarrollo Próximo, Aprendizaje Situado y Cognitivo, y Andamiaje, en la medida que posibilitan mirar los procesos de enseñanza aprendizaje como la interacción de diferentes factores relacionadas con estrategias, herramientas, roles y esfuerzos comunes en la realización de actividades concebidas desde el contexto del que aprende.
El diseño de actividades pedagógicas que incorporen la tecnología digital debe responder a unos propósitos establecidos por una comunidad y respondan a elementos concebidos desde el contexto. La educación debe ser situada y por lo tanto los individuos deben aprender para la vida, desde las elaboraciones desarrolladas por la cultura. Si los estudiantes aprende con otros, las herramientas deben facilitar esa actividad constructiva y la interacción de los mismos. De tal manera que utilizar determinados dispositivos móviles en la enseñanza no pueden responder a intereses aislados de una persona o del docente, debe hacer parte de una políticas claras que tienen la comunidad educativa para responder a unos objetivos nacionales o a unos niveles de competencias que deben tener los individuos en esta era. El hecho de que la escuela desconozca los problemas de su entorno, y trabaje de manera individual con los estudiantes en actividades abstractas, no genera cambios, por el contrario, se continuará enseñando mediante prácticas artificiales y poco significativas para los estudiantes.
La tecnología digital ofrece a las escuelas la oportunidad de pensar, estructurar, diseñar y evaluar actividades autenticas donde los estudiantes de manera colaborativa pueden atreverse a realizar actividades que tengan significados sociales y que puedan ser mejoradas ante la participación activa de los que aprenden. Es indudable que la actividad humana está ligada a la tradición y a la cultura. Según Lacasa (2002), el individuo se transforma a sí mismo en la medida que participa en las actividades de su comunidad o interactúa con los demás. El paradigma sociocultural debe llevar a las instituciones educativas a flexibilizar el currículo y a proponer en sus diseños curriculares el trabajo colaborativo. Es necesario entender que el trabajo colaborativo requiere compromiso de los integrantes de un equipo en la realización de una tarea, pero que estas no se logran solamente con el aporte individual de cada uno de los integrantes. Se debe tener en cuenta que el grupo debe interactuar a través de diferentes medios para lograr una construcción compartida, aprender del otro y negociar esos significados.
En conclusión, el paradigma sociocultural aporta nuevas discusiones en torno a la educación dando un valor significativo a la actividad social de los procesos de aprendizaje. De tal manera que el aprendizaje escolar consiste en un proceso de aculturación que requiere que la escuela redefina los conceptos de enseñanza, aprendizaje, estudiante, docente, herramienta, contexto, y desarrolle unas políticas educativas que orienten las acciones hacia potenciar en los individuos todas esas capacidades innatas. La invitación es a construir una escuela que oriente una formación coherente y precisa entendiendo que está sumergida en unas sociedades con dinámicas cambiantes y que no puede estar enseñando para el siglo pasado.
Referencias
Daniels, H. (2003). Vygotsky y la Pedagogía. Barcelona: Paidós. Lacasa, P. (2002). Cultura y Desarrollo. En P. Herranz Ibarra, & P. Sierra García, Cultura y Desarrollo (págs. 17-50). Madrid: UNED. Heredia E.& Romero M. (2007). Un nuevo modelo educativo centrado en la persona: compromisos y realidades. En A. Lozano Rodríguez, & J. V. Burgos Aguilar, Tecnología Educativa en un Modelo de Educación a Distancia Centrado en la Persona (págs. 53-75). México: Limusa. Wenger, E. (2001). Comunidades de Práctica: Aprendizaje, Significado e Identidad. Barcelona: Paidós.